Precocidad, contrastes sociales y musicales, elementos claves para el pluralismo artístico de la cantautora brasileña Verónica Valois

La influencia materna y las atroces desigualdades sociales de Bahía determinan un perfil artístico peculiarmente polifacético, con amplias vertientes melódicas y semánticas en sus composiciones

Desde que tiene uso de razón, Verónica Valois convive con la música y la creatividad y, sobre todo, con el sentido de disciplina artística, recibiendo la rica influencia materna. La pianista, directora de coros y musicoterapeuta Isa Valois se preocupó desde muy temprano en condicionar musicalmente los oídos y la capacidad creativa de su hija: a los tres años de edad Verónica ya frecuentaba un curso de iniciación musical ofrecido por la Escuela de Música de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), donde Isa imparte clases hasta hoy. Dos años más tarde, Verónica subió por primera vez a un escenario, y de los más nobles: el de la rectoría de la UFBA, donde incluso fue elegida como solista, entre un total de cien niños para el musical «Cantando Caymmi», en honor a uno de los más importantes cantautores baianos del siglo XX, Dorival Caymmi. Luego Verónica extiende sus habilidades artísticas, ingresando en el mundo del teatro a los seis años. La inquieta niña protagoniza la obra «Alice y la fábrica de los sueños», revelando también un intenso interés por la interpretación.

Pero un momento que representó el comienzo de una serie de conquistas personales en su precoz carrera artística fue su entrada en el Colegio Marista de Salvador, prestigiosa institución de enseñanza de Brasil, en el que continuó su formación los diez años siguientes de su vida, hasta el bachillerato. Los festivales de música celebrados por este Colegio abrieron las puertas al mundo musical a personalidades que se convirtieron en referentes internacionales de la música baiana, como Gilberto Gil (cantautor y exministro de Cultura de Brasil) y Daniela Mercury (cantante y embajadora de Unicef). Verónica participa en estos festivales año tras año, y acaba premiada de forma consecutiva, llegando a recibir el galardón «Hors Concours» (expresión francesa que significa «fuera del concurso»). A estas alturas, ya no pudo seguir compitiendo, porque había casi la absoluta certeza de que sería elegida ganadora por el jurado. Paralelamente, a los nueve años, ya había creado su primer grupo musical, junto a dos primas. Se llamaba Uni Duni Tê, y participó en diversos eventos infantiles en Salvador de Bahía.

Como adolescente, Verónica siguió triunfando en festivales de música, y no solamente en Salvador de Bahía. La joven artista pasa también a actuar en discotecas y bares brasileños, con versiones de otros artistas, pero poco a poco introduciendo canciones suyas, desarrollando también este importante apartado de su carrera: la de compositora. Verónica pasa a ganar gran identidad con la vida artística nocturna.

La música se consolida año tras año como una realidad plena y protagonista en la vida de la joven estudiante, convirtiéndose desde muy temprano en un puente entre dos mundos opuestos: el contexto duro y decadente de las favelas  y el mundo de cuentos de hadas de la más fútil e hipócrita alta burguesía, que a menudo ignora lo que pasa en el contexto marginal de miseria y pobreza del país. Este contraste motiva a Verónica a componer de forma crítica, sensibilizada por las desigualdades de su país, recurriendo incluso a géneros musicales mezclados, generando una identidad artística muy peculiar: la simbiosis entre la cultura negra afropop de Bahía y, más tarde, sus propias raíces hispánicas.

Otro hecho de fuerte transcendencia en la formación artística de Verónica fueron sus precoces participaciones en el multitudinario carnaval de Salvador de Bahía, uno de los más importantes de Brasil al lado de los desfiles de escuelas de Samba de Río de Janeiro. En 1999, a los doce años de edad, canta para una decenas de millares de personas al lado del conocido cantante Netinho. En 2001, es invitada por una famosa bailarina carnavalesca y entonces presentadora de televisión, Carla Pérez, para actuar en su «bloque de carnaval» Algodão Doce.

Su irreverencia es premiada: Carlinhos Brown, su «padrino musical»

Paralelamente a sus actuaciones en el Carnaval, Verónica empieza a acercarse de la comunidad del Candyall Guetho Square (que incluso ganó reconocimiento internacional por medio de la película documental El Milagro del Candeal, dirigida por Fernando Trueba), fundada por Carlinhos Brown, uno de los artistas brasileños contemporáneos más conocidos alrededor del mundo. Verónica poco a poco se acerca a la gente de esta comunidad, estando presente cada domingo en los ensayos de Brown junto al Timbalada, grupo musical creado por el cantautor que sigue existiendo como una importante referencia de la música de Bahía. En uno de estos domingos, gracias a su enorme irreverencia, Verónica pide a Carlinhos Brown una oportunidad para subir al escenario y exponer a todos su talento. La empatía con el público es inmediata, y desde entonces Carlinhos Brown pasa a invitar Verónica repetidas veces, hasta el punto de recibir la invitación, en 2003, de trabajar junto a él en su reconocido bloque carnavalesco, Camarote Andante. Acogida por alguien que considera su «maestro» y «padrino musical», Verónica empieza a tener la oportunidad de oro de estar al lado de gigantes de la música brasileña, como Arnaldo Antunes, Caetano Veloso o Sandra de Sá. Carlinhos Brown ya expresó públicamente su opinión respeto a Verónica: «ella es un nuevo valor a tener en cuenta. Una artista llena de talento, ganas de cantar y de divulgar la riqueza musical de su tierra».

Carlinhos Brown: "Ella es un nuevo valor para tener en cuenta"
Carlinhos Brown: "Ella es un nuevo valor para tener en cuenta"

Con este inmenso y tan importante apoyo por parte de Carlinhos Brown, Verónica vendría a tomar, algunos años después, una importante decisión: marcharse de Brasil a lo largo de un año lectivo, ya como estudiante de Periodismo de la Universidade Federal de Bahía. No podría imaginar que, a partir de aquel momento, pasaría a volver a Bahía solamente de visita, ya que decidió trasladar sus estudios de periodismo, graduándose en Periodismo en la Universidad de Santiago de Compostela en 2010. El país donde se instalaría  para despegar hacia vuelos más altos en su carrera musical sería el mismo de dónde procede su padre, el médico anestesista Roberto Méndez: España.

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